Beata Madre Candelaria de San José (1863-1940)

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Estimados Hermanos en Cristo Jesús compartimos con ustedes la biografía de la Beata Madre Candelaria de San José.

 

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Susana Paz Castillo Ramírez, tercera hija del matrimonio de Francisco de Paula Paz Castillo y María del Rosario Ramírez, nació en Altagracia de Orituco (Estado Guárico, Venezuela), el 11 de agosto de 1863.

Su padre era un hombre recto y honrado, de gran corazón y profundamente cristiano; gozaba del aprecio y estima de todos los habitantes; poseía conocimientos de medicina naturista y los empleaba para ayudar a mucha gente que solicitaba sus servicios. Su madre era una persona piadosa, trabajadora y honrada.

Tanto ella como don Francisco brindaron a sus hijos una educación tan esmerada como lo permitían las circunstancias de su tiempo. En el aspecto cristiano fue óptima: les infundieron el ejemplo y la palabra, la solidaridad y la responsabilidad en las prácticas de la fe cristiana y valores humanos.

Su instrucción académica, aunque escasa y deficiente, propia de la época que le tocó vivir, no fue un impedimento para su formación integral: frecuentó una escuela particular donde dio sus primeros pasos en la escritura y el cultivo de su apasionamiento por la lectura. Además, aprendió corte y confección y toda clase de labores, especialmente bordados. Este aprendizaje fue un valioso recurso para su posterior servicio a los más necesitados.

Su padre murió el 23 de noviembre de 1870, cuando Susana contaba con 7 años de edad. Cuando murió su madre, el 24 de diciembre de 1887, Susana, que tenía 24 años, asumió las responsabilidades de diligente ama de casa. A la vez, se encargaba de practicar la caridad con los enfermos y heridos que recogía y cuidaba en una casa semi-abandonada, adjunta a la iglesia parroquial.

Junto con otras jóvenes de su pueblo y con el apoyo de un grupo de médicos y del padre Sixto Sosa, párroco de Altagracia de Orituco, fundó un hospital para atender a todos los necesitados. Allí, en hamacas y catres de lona, que ella misma confeccionaba, los atendía.

Con la fundación de este centro de salud, en 1903, se dio inicio a la familia religiosa de las Hermanitas de los Pobres de Altagracia, actualmente denominada Hermanas Carmelitas de la Madre Candelaria. El 13 de septiembre de 1906, con autorización del obispo diocesano, la madre Susana hizo su profesión religiosa tomando el nombre de Candelaria de San José.

El 31 de diciembre de 1910 nació oficialmente la congregación de las Hermanitas de los Pobres de Altagracia con la profesión de las primeras seis hermanas, en manos de mons. Felipe Neri Sendrea, quien confirmó a la madre Candelaria como superiora general. En diciembre de 1916 emitió sus votos perpetuos en Ciudad Bolívar.

Su vida transcurrió entre los pobres; se distinguió por una profunda humildad, una inagotable caridad con ellos, y una profunda vida de fe, oración y amor a la Iglesia. Además de su esmerada atención por los enfermos, se preocupó por la educación de los niños, tarea que dejó como legado a sus hijas carmelitas.

La madre Candelaria era una religiosa de carácter afable, recogida, de baja y modesta mirada; siempre dejaba suavidad en cuantos la escuchaban cuando departía su cordial y amena conversación.

Dos cosas llamaban poderosamente la atención en ella: su profunda humildad y su inagotable caridad. Tenía una gran sensibilidad ante las desgracias ajenas; nunca decía “no” a nadie, sobre todo cuando se trataba de enfermos pobres y abandonados.

Otra característica de su entrega era la alegría; todo lo hacía con amor y una confianza sin límites en la divina Providencia. Sus grandes amores fueron Jesús crucificado y la santísima Virgen. Recorrió muchos kilómetros en busca de recursos para el sostenimiento de sus obras y fundando nuevas comunidades que respondieran a las necesidades del momento.

Gobernó la congregación durante 35 años, desde su fundación hasta el capítulo general de 1937, en el que le sucedió en el cargo la madre Luisa Teresa Morao.

Los últimos años de la madre Candelaria estuvieron marcados por el dolor y la enfermedad. No obstante, después de dejar el cargo de superiora general, aceptó seguir prestando sus servicios a la congregación como maestra de novicias.

Tenía plena conciencia de su enfermedad, pero con increíble paciencia soportaba los dolores y daba pruebas de conformidad con la voluntad de Dios. Pedía al Señor poder morir con el nombre de Jesús en los labios, y así fue.

En la madrugada del 31 de enero de 1940 tuvo un vómito de sangre. Tras pronunciar tres veces el nombre de Jesús, entregó su alma al Creador.

El 22 de marzo de 1969 se inició en la ciudad de Caracas su proceso de beatificación y canonización. Benedicto XVI firmó el decreto de beatificación el 6 de julio de 2007.

http://www.santuariobasilicacoromoto.com/SNCoromotoWeb/viewBlessedDetail?@id=40

 

Beata María de San José

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Estimados Hermanos en Cristo Jesús les compartimos la biografía de la Beata María de San José.

 

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La Santidad

Ordinariamente manejamos el término “santidad” sin poseer de él una noción clara; elementalmente sabemos que “santo” es todo aquello que de alguna forma tiene relación directa con Dios, pureza y bondad infinitas; el “solo Santo”.
La Biblia nos transmite aquella visión en la que espíritus celestes adoran a Dios cantándole: “Santo, Santo, Santo es el Señor Dios del universo…”, alabanza que la liturgia católica ha trasladado a la “Plegaria Eucarística” de la misa. Y la misma liturgia continúa: “Santo eres en verdad, Señor, FUENTE de toda santidad”. Si; Dios es el único Santo; pero como Él es AMOR y el amor es donación, apertura, comunicación, Dios nos hace hijos en su Hijo Jesucristo, “de cuya plenitud todos recibimos” (Is 1,16). En su Hijo, Dios nos hace partícipes de su santidad mediante la gracia sobrenatural. Nos transmite su propia vida. Por eso somos hijos.
Como hijos de Dios en Cristo, todos estamos llamados a ser santos. En esta vocación concurren dos factores: la iniciativa operante de Dios y la respuesta humana en pleno ejercicio de su libertad.
El grado de santidad corresponde al grado de crecimiento en la comunión con Dios.
La madre Iglesia, pastoralmente solícita del bien de sus hijos, acogiendo sus aspiraciones y con la autoridad otorgada por Cristo, declara oficialmente “santos” a aquellos candidatos que habiendo fallecido en concepto de santidad, y mediante exhaustivo estudio de su vida y virtudes, alcanzan por parte de Dios la prueba de un milagro, es decir, de un hecho sobrenatural sólo factible a la omnipotencia divina. Todo queda instrumentalizado en la “Causa de canonización”.
Para ser más precisos, la causa de canonización, es el asunto en cuestión (la santidad de X persona) y se introduce o se inicia: se requieren pruebas testificales (de testigos) y documentales (escritas).
El origen de las causas de canonización se remonta a los primeros siglos del cristianismo en relación al culto de los mártires, y posteriormente a los confesores (eximios defensores de la fe) y, finalmente, a aquellos candidatos cuyas virtudes cristianas en grado heroico, sean comprobadas.
El objetivo de estas causas es proponer nuevos modelos de fe e intercesores ante Dios, a la vez que son una señal de la vitalidad de la Iglesia.
Antiguamente, las beatificaciones se efectuaban a nivel de diócesis y no se exigía el límite de tiempo: podía iniciarse inmediatamente después de la muerte. Hoy se exige un límite de 5 años a partir del deceso.
En cuanto a las personas, se llama “actor” a quien solicita la causa ante la autoridad competente. “Postulador” es la persona nombrada por el “actor” como representante legal: Él defiende los intereses de la causa y, en la práctica, es “el alma del proceso”.
Lo que en lenguaje vulgar se conoce como el “abogado del diablo” es el “promotor de justicia”, a quien corresponde velar para que se observe fielmente la ley.
A través de las sucesivas fases de la causa se denomina al candidato:
1. Siervo de Dios: cuando la Santa Sede mediante el “nihil obstat” comunica que “no hay obstáculo” alguno para introducir la causa.
2. Venerable: Sigue a la declaración de las virtudes heroicas del candidato.
3. Beato: Significa bienaventurado y se declara tal, después de la comprobación de un milagro sometido a proceso.
4. Santo: En la actual legislación eclesiástica se exige un nuevo milagro antes de esta declaración final.
El nuevo santo pasa a formar parte del “santoral” de la Iglesia, es decir, la Iglesia autoriza oficialmente el culto público a estos héroes de la vida cristiana, partícipe, de la santidad divina en grado eminente.
En cuanto a la exhumación, basta decir que, próxima la beatificación del Siervo de Dios, se procede al reconocimiento del cadáver, se extraen algunas reliquias y, si se estima oportuno, se trasladan los restos mortales a un lugar de fácil acceso para los fieles.
No es necesario trasladar los restos al sitio de beatificación, ya sea en Roma o en cualquier otro lugar donde la ceremonia se realice.

 

1. Laura Evangelista

A aquel 25 de abril de 1875, fecha del nacimiento de la Madre María de San José, han precedido vicisitudes y acontecimientos que con diversos caracteres, marcan la historia y la fisonomía de Venezuela: A varias décadas de la independencia nacional, se da la abolición de la esclavitud en 1845, a la que seguirá la Revolución Federal durante cinco años, de 1859 a 1863. El país se enfrenta con una economía destruida por la guerra y la anarquía. Durante el gobierno del civilizador y autócrata Guzmán Blanco, entre otras obras de progreso se realiza en 1873 un censo de la población venezolana, la cual alcanzó a 1.784.194 habitantes.
El 13 de Octubre de 1875, a sólo 6 meses de su nacimiento, una niña es bautizada en la Iglesia Parrroquial de Choroní con el nombre de LAURA EVANGELISTA, hija primogénita de Clemente Alvarado y Margarita Cardozo, modestos habitantes de aquel pueblo. La Bautiza el párroco José María Yépez y son sus padrinos Manuel González y Dolores Sofía Bravo Cardozo, prima de la niña.
Como obsequio de Ana Félix, la abuela paterna, recibe un par de zarcillos de oro macizo con tres esmeraldas cada uno. Acto seguido, aquellos pendientes fueron incrustados en las tiernas orejitas de la recién bautizada.
Laura es una hija esperada con amor y rodeada del cariño familiar, factor decisivo en el desarrollo armónico de la personalidad. Le seguirán otros hermanos: Octaviano, Panchita y Clemencia.
En 1877, Laura recibe la confirmación administrada por el Arzobispo de Caracas, Mons. José Antonio Ponte, de visita pastoral en Choroní. Es su madrina Mercedes Márquez de Padrón.
Al referirnos a Choroní, estamos hablando del pueblo natal de nuestra Beata María de San José. De estilo colonial, pintoresco y acogedor, es patrimonio histórico de la nación, centro turístico del Municipio Girardot en el Estado Aragua, de hermosas playas y habitantes. Guarda en su seno históricas memorias entre ellas la rústica pila bautismal de 1757.
Choroní es valle rodeado de altas montañas que, junto al rio que lo atraviesa, le prodigan un aire de belleza y frescura. A pocos kilómetros, el Puerto de Colombia, con su paisaje marino, su folklore y su actividad bulliciosa y alegre.
La profusa y rica virtualidad de los accidentes geográficos, ejercerán especial influencia en la personalidad de aquella niña, excepcional fruto de su tierra.

2. Infancia

A medida que Laura crece, va revelándose en ella una gama de cualidades: clara inteligencia, fina sensibilidad, firmeza y tan extraordinaria memoria, que jamás olvidará una función de títeres que presenció a los seis meses de edad. En épocas posteriores afirmará que desde los dos años recuerda toda su vida.
Cuando Laura cumple los tres años, don Clemente decide trasladarse con su familia a Turmero, población vecina domicilio de sus padres, Dolores Alvarado y Ana Félix Salas, quienes colman de cariño a su nieta. Una de sus tías le enseñó las primeras letras y a los 4 años de edad, ya sabe leer.
La estancia en Turmero es breve. Al poco tiempo se establecen en Maracay donde cursa todos sus estudios, desde los 5 años hasta los 17. Era una de las preocupaciones de sus padre: su educación, querían para ella lo mejor. En el ambiente social de la época, cuando imperaba el analfabetismo, su educación resultaba óptima.
Según su propia afirmación, en la escuela la llamaban “la palomita”, lo que ella atribuía a su natural seriedad. Declara igualmente que durante toda su etapa escolar guardará su alma de pecado; inocencia que conservará hasta el final de sus días.
Reñida con todo lo que es mentira o engaño, está siempre dispuesta a decir la verdad. Muestra especial inclinación a la piedad religiosa y al socorro de las personas necesitadas, actitudes que ha aprendido junto a su madre, a quien el pueblo mucho aprecia por su servicialidad y caridad, sin distinción de ninguna clase. Nueve años cuenta cuando, acompaña a su madre a visitar un enfermo renuente a recibir los sacramentos aduciendo ante la niña su larga barba. Laura solícita, se aprestó a rasurarlo, como en efecto lo hizo, logrando que aquel hombre se reconciliara con Dios.
Ya era una estampa familiar ver a la niña Laurita al lado de su madre en las visitas de caridad, en la práctica de las obras de misericordia. Anhela el día de su primera comunión, para la que ha sido preparada desde los 7 años por “una santa viejecita”; sin embargo deberá esperar hasta los 13 años, según las normas canónicas de entonces.

3. Algunas Anécdotas

Andaría Laura en los 5 años de edad cuando en Maracay una curiosa dama ventanera le pregunta:
_Muchachita, ¿de quién eres tú?
_De mi papá y mi mamá, le respondió vivazmente la niña.
Cuando me peinaban de crespos -relata la Madre María- ¡ay, ay, ay! iba al espejo a mirarme de un lado y de otro. ¡Se sentía tan linda! En una ocasión, la abuela paterna propone tomar una fotografía a su nieta, así con sus hermosos crespos. A la tía Mercedes se le ocurre colocarle una flor en la cabeza. A Laura le desagrada la ocurrencia y se resiste, pero su madre la obliga a obedecer y la fotografía reveló la imagen de una niña malcriada cubriéndose el rostro.
Una noche que su madre deja a los niños dormidos y va a casa de la abuela a visitar un pariente enfermo, Laurita al darse cuenta de la situación, se provee de una vela y una caja de fósforos (no había luz eléctrica), abriga bien a sus dos hermanitos menores y llega con ellos a casa de la abuela.
_¡Margara! dice a su nuera doña Ana Félix. Es la niña.
_¡Cómo te atreviste…? le interroga su madre.
_ Antes yo miré a ver si estaba la “sayona”, y como no la vi, salí, respondió valientemente la niña.
¡Cómo le fascinaba entretenerse fabricando altares con los recortes sobrantes en la carpintería de su padre! Para evitar reprensiones, a veces se retiraba al solar de la casa lejos de la vista de don Clemente.
Un día, ya como de 7 años lavaba en la acequia que atravesaba el patio de su casa, cuando de repente, su padre acercándose muy serio, le pregunta: “¡qué tiene Ud., en las manos?” pensando que era un cigarrillo, pero ¡no! Era su sortijita de diamantes que con la luz del sol resplandecía.
Desde muy pequeña, ante alguna perturbación de ánimo, se niega a alimentarse. Así, cuando ve a Panchita, su hermana menor, inerte en brazos de su madre, le advierte:
“Ya sabes mamá, no voy a comer nada, ni hoy ni mañana. Era profundamente sensible.”
_Octaviano, -le suplica una mañana a su hermano-, acompáñame a misa de aguinaldos.
_Si me traes una taza de café bien caliente.
Laura lo complace solícita, y el bribón, luego de tomarlo, se envolvió en su sábana y la dejó plantada y triste. “Yo, incapaz de acusarlo ni de vengarme -recordará ella-, lo soportaba todo en silencio”.

 

4. La Niña del Cristo

Varias circunstancias concurrentes en la vida de Laura a sus 13 años de edad, marcarán el rumbo de sus ideales.
Plácida, su prima, hija de la tía Mercedes, es a su vez, su gran amiga, casi como una hermana. Plácida es coqueta y le habla de modas, de fiestas y de galanterías, lo que a Laura desagrada. Por otra parte, los planes de sus padres está orientados hacia un futuro matrimonio de su hija.
Ella quiere ser toda de Dios, pero ¿cómo? en Venezuela no se conocen religiosas. Los conventos de clausura han sido eliminados por el presidente Guzmán Blanco, al igual que los seminarios. Su gobierno ha sido para la Iglesia de Venezuela una verdadera purificación.
Un día, mientras oraba en el templo de Maracay, “Me inspiró el dulce Jesús del tabernáculo preguntarle: ¿Y no puedo unirme a ti (en matrimonio), como las demás mujeres a los hombres?” Y sintió en lo profundo de su alma un clarísimo SI. Era el 16 de Julio de 1888, festividad de la Virgen del Carmen. Y, aunque ella reconoce que entonces no tuvo pleno conocimiento de lo que hizo en este gran día, será una experiencia inolvidable a lo largo de su existencia: Se consideró desde aquel momento extraordinario, la prometida de Dios.
A los pocos meses, el 8 de diciembre de 1888, efectúa felizmente su tan ansiada primera comunión; y ya instruida por el Párroco Antonio Ferrer, “con alegría indecible” pronuncia un voto privado de virginidad al único amado de su corazón: Jesús Sacramentado. Por eso afirma: “En la Eucaristía está mi tesoro y allí está mi corazón”. Se desprende de sus pequeñas vanidades: sus amados crespos, sus joyas. Desde este memorable día comenzará a observar los tres votos de obediencia, pobreza y castidad, y promete vivir con la mirada discretamente baja, característica particularmente suya. En lugar de sus prendas, llevará en adelante un crucifijo sobre el pecho, circunstancia que le merecerá de parte del pueblo el nombre de “La niña del Cristo”.
A esa edad, convierte su hogar en una escuela para los niños pobres, a quienes también prepara para la primera comunión. Al encuentro de los gastos que esta iniciativa le ocasiona, confecciona dulces criollos para la venta, en la cual colaboran sus padres y sus maestras, la familia Blanco.

 

5.El nuevo párroco de Maracay

Los estudios en el colegio de Maracay culminan en 1892, cuando Laura cuenta 17 años. Es el mes de Septiembre. En las jóvenes alumnas reina la emoción y la alegría. Laura es una de las mejores y a ella se asigna el discurso que, en nombre de sus compañeras, deberá pronunciar públicamente en la plaza del pueblo como parte de los actos programados con motivo del fin de curso. Para este día, su madre le ha preparado un hermoso vestido de color azul celeste, bordado en seda blanca. Laura obediente lo estrena; pero luego lo regalará a su amiga Rosarito, no sin antes obtener el permiso de su madre.
Al finalizar sus estudios, Laura extiende su labor catequística a los jóvenes de la parroquia. Ya anciana aludirá a esta experiencia, acotando que “jamás a alguien se le ocurrió faltarle el respeto”.
Don Clemente, orgullosos de su hija, aspiraba a enviarla a Caracas a fin de que prosiguiera allí su formación, pero las circunstancias del momento no resultaron favorables. Dios tenía reservados para ella otros caminos.
Cierto día que Laura ayudaba a sus maestras en la preparación de un ajuar matrimonial, se presenta el nuevo párroco Vicente López Aveledo y allí se conocen. Él es un joven sacerdote caraqueño, de grandes ideales e incansable espíritu pastoral. Alterna sus actividades parroquiales con obras sociales, educativas y culturales. Por designio divino una nueva tarea le espera: encauzar la vida de esta jovencita, ávida de Dios y de bien. La invita a colaborar en las labores parroquiales, las que inicia, previo permiso de sus padres, mediante el honroso oficio de lavar y arreglar los purificadores para el sacrificio eucarístico. Con la delicadeza que siempre la caracterizó en este menester, se apresura a adquirir utensilios nuevos, dedicados exclusivamente a ello.
El 8 de diciembre de 1893, el Padre López funda la Sociedad de Hijas de María, a cuyo ingreso, Laura se prepara con 8 días de retiro espiritual en absoluto silencio, al final de los cuales renueva su voto de virginidad, esta vez en forma perpetua. Recuerda con emoción la hermosa plática del Padre López. “¡Qué bien habla nuestro padre!”, escribe.
Aquella es una parroquia viva, fervorosa y alegre; muy eucarística. Es el humus donde se desarrolla la vocación de Laura, futura Madre María de San José.

 

6. Una circunstancia inesperada

Laura ansía consagrarse a Dios en un convento de clausura: es su gran ilusión, y así lo ha manifestado al párroco, quien le recomienda esperar. Los conventos de monjas en Venezuela han sido suprimidos pos el “Ilustre Americano”. Tendría que ausentarse a España o a la Isla de Trinidad. El panorama se presenta incierto: pero el Padre López promete ayudarla en este discernimiento vocacional.
Mientras tanto vive de oración y de servicio al prójimo. Clemencia, su hermana, trata de disuadirla de aquellas actitudes que a ella le resultan un tanto extrañas en una joven común; pero nada consigue. Laura se siente inclinada a la vida de silencio y de oración, de contemplación y penitencia. Cada día asiste a misa, pese al disgusto de su padre, y dedica largos ratos de oración ante el Santísimo Sacramento, o en el patio de su casa, bajo una planta de catigüire, testigo de sus inquietudes.
De pronto, una circunstancia especial conmueve a la población venezolana: La epidemia de viruela se desata implacable produciendo angustia, zozobra y muerte, particularmente en la clase desposeída: infección, contagio, cuerpos humanos cubiertos de fétidas pústulas, a veces bajo los aleros de las casas. La situación sanitaria es pésima; no existe centro de salud.
Será una circunstancia que pondrá a prueba el temple y la heroica virtud del padre López Aveledo, quien a su condición de pastor, trata de hacer frente a aquella dramática situación. Su inicial experiencia y sus relaciones con el personal del Hospital “Vargas” de Caracas, del que fue capellán, le son favorables. Personalmente los atiende, los traslada en hombros hasta donde puedan ser atendidos dignamente en sus últimos momentos, y cuando nada puede hacer por su alivio corporal, con lágrimas en los ojos, de rodillas ante ellos en plena vía, les administra los sacramentos y les dirige unciosas palabras y oraciones.
El abnegado párroco se siente en la imperiosa obligación de instalar por propia iniciativa un puesto de emergencia, que dará origen al primer hospital de Maracay.
El padre hace un urgente llamado a su feligresía. Unos critican, otros, en su mayoría están dispuestos a colaborar generosamente. Se alquila entonces la casa de las hermanas Yépez, en la calle Miranda cruce con Sucre.
Es el 3 noviembre de 1893.

 

7. Cambio de ruta: Un hospital

Laura quiere retiro, clausura, soledad, y Dios le está pidiendo servicio activo, ineludible. Ella, como espiga madura, se doblega ante el designio divino y acepta su voluntad.
El hospital queda fundado con el nombre de “San José”, patrono de la parroquia. Un notable grupo de personas secunda la iniciativa del padre López Aveledo; médicos, farmacéuticos, señoras, jóvenes y hasta niños, colaboran en el arduo trabajo.
La Junta Directiva está constituida por las Blanco, las maestras de Laura; los médicos se turnan mensualmente, y la atención directa de los enfermos se encomienda a un grupo de jóvenes voluntarias, entre las cuales está Laura. Representa la mayor dosis de sacrificio: Enfermeras, cocineras, camareras, lo son todo: en medio de aquella pobreza y con instrumentos de trabajo los más rudimentarios, la higiene y el aseo resplandecen, pero sobre todo, la caridad.
Junto a Laura están: Ulpiana Gil Quiñones, Josefina Rojas, Dolores Olmo, Margarita Dorta, Socorro salmerón, y la señora Carmen Garbozo de Ayala, Eulogia Burgos colabora con la recolección de fondos económicos.
Titánica tuvo que ser la fe y la voluntad de aquel grupo de mujeres para mantener en pie esta obra de caridad común en tiempos tan crudos. La miseria se hace ley. A la baja mundial de precios de los principales productos nacionales de exportación, como el café y el cacao, tendrán que enfrentar el azote de enfermedades como el paludismo y la tuberculosis, y las invasoras nubes de langostas que arrasaron las siembras, base de la economía del país.
Laura reside en la calle Páez, muy cerca del hospital. Trabaja todo el día con los enfermos y a las 8 de la noche se retira a su casa, según exigencia de sus padres.
¿Dónde se han ido los sueños de Laura Alvarado de retirarse a la tranquila soledad de un convento para mejor servir a su Dios? Su pueblo, la Iglesia, los pobres, la necesitan aquí y ahora. Y ella se entrega con gran abnegación. Ocho años de servicio en aquel hospital la prepararon para mayores ascensos en la práctica de la virtud cristiana, especialmente de la caridad.
Y también de la humildad.

 

8. Con nombre y apellido

De 1894 a 1895 las jóvenes del Hospital trabajan bajo la dirección de la señora Juana de Motamayor, la cual fue sustituida por la señora Antonia del Castillo, ex-religiosa procedente de las Islas Canarias, a quien probablemente el padre López había conocido en el hospital Vargas de Caracas. “Misia Antonia” comienzan a llamar en el hospital a aquel nuevo personaje que entra en escena con el rol de directora y administradora.
¿Quién iba a imaginar que aquella nueva ecónoma sería un instrumento de purificación para Laura? Según afirmación personal de la protagonista, aquella feliz niña no conocía el sufrimiento, que desde ahora se hace presente con nombre y apellido.
En este importante momento de su vida, Laura abre su corazón virginal a la fecundidad de la cruz y sufre en silencio incontables pruebas por parte de “Misia Antonia”, a quien ella, Laura, “quiere con toda su alma”. “Era tremenda, me hacía sufrir, pero yo la quería mucho. ¡pobrecita!”. Así son los santos. En la oscuridad de la prueba, resplandece la luz, y en el crisol se purifica el oro.
Cuando Doña Antonia se tornaba muy fastidiosa, las otras jóvenes desobedecían, no así Laura: ella lo ofrecía a Dios, por amor a sus pobres. El tiempo transcurría y la pobre víctima callaba. Nada confiaba a sus padres ni al sacerdote por temor de no poder continuar en aquella obra, “lugar de sus delicias” apostólicas.
De temperamento sensible y muy reservada, Laura enferma. Agudas crisis de asfixia llevan a temer por su vida. El Dr. Tabosqui ha dicho:
“Se nos muere la niña del Cristo”
Ante esta situación, doña Antonia muy preocupada, habla con el padre López Aveledo: Ella quiere prometer a Dios retirarse del hospital e irse a prestar sus servicios a un apartado lazareto, como en efecto lo hace.
Laura se recupera.
Posteriormente, cuando Laura toma el hábito religioso, le escribe una carta a doña Antonia, quien le responde y, entre otras frases, le expresa: “Yo comprendía que usted tenía vocación”.
Por ello la Madre María, agregará: “Ella fue mi maestra, mi gran maestra”.

 

9. Don Clemente arrancado del abismo

El 5 de abril de 1899, el padre López Aveledo entrega a Laura la dirección y administración del hospital, del que hace su residencia. Está próxima a cumplir 24 años de edad.
Todas las noches, don Clemente se acerca al hospital a despedirse de su hija, quien no atreviéndose a recibirlo, le da las buenas noches desde la puerta. Piensa que su sacrificio como “consagrada a Dios” debe ser completo. Le preocupa mucho su padre y ora incesantemente por él. ¿Qué no haría ella por la salvación de su alma?
El 17 de diciembre de 1899 a las dos de la madrugada sostiene una fuerte lucha espiritual, en la que invoca a todos los santos de su devoción, hasta que, finalmente una voz interior la tranquilizó: – Te basta mi gracia. Su lacónica nota de ese día nada explica. Concluye escribiendo: “!Ah, Señor, habéis aceptado mi sacrificio! Bendito seas”.
Transcurridos apenas 12 días, Laura recibe la noticia de que su padre ha sufrido una “congestión cerebral” severa. Parece estar muerto. Atribulada, corre a postrarse a los pies de la imagen de nuestra Señora de las Mercedes, a quien encomienda la salvación eterna de su padre. “No me levantaré de aquí -le dice- hasta que me concedas esta gracia”. Ofrece a Dios el sacrificio de ayuno total y perpetuo por manos de María, refugio de pecadores. Su maternal intercesión no se hace esperar. Don Clemente reacciona y con plena lucidez mental recibe todos los sacramentos, incluso el del matrimonio. Tenía 55 años de edad.
Laura, pensando “por ignorancia que al estar ya consagrada al servicio de Dios, ya no podía ir a casa de su adorado viejo, llorando, llorando, lavaba las úlceras de mis pobres… hasta que empezó de nuevo la agonía, y el padre López me mandó; fui y estuve desde las 12 del día hasta las 3 de la tarde, cuando expiró. Enseguida, al hospital de nuevo”.
¿Se relaciona esta promesa de ayuno absoluto con aquella experiencia del 17 de diciembre? Posiblemente.
Lo cierto es que Laura inicia esta nueva aventura de fe, alimentándose sólo con la comunión diaria. Es la Eucaristía quien milagrosamente la conforta en medio de las múltiples actividades y responsabilidades de su cargo. Así transcurren 10 años hasta que por obediencia el padre López Aveledo, a raíz de una enfermedad, mitiga su ayuno: su dieta fue mínima durante el resto de su vida.

 

10. Agustinas al servicio de los pobres

El año 1900 en Venezuela es época de guerrillas. En Octubre de ese año un terremoto conmueve a todo el país. Poblaciones casi desaparecidas, familias desamparadas, templos derrumbados, actividades interrumpidas con los consiguientes trastornos públicos.
A nivel eclesial, al Arzobispo de Caracas, Monseñor Críspulo Uzcátegui, por motivos de salud es sustituido en sus funciones por el Vicario Provisor, Monseñor Juan Bautista Castro.
Contra el régimen del presidente Cipriano Castro, se suscitan sucesivas rebeliones hasta 1901, cuando estalla la sonada revolución “Libertadora”, cuyo protagonista es el acaudalado hombre de negocios Manuel Antonio Matos, concuñado de Guzmán Blanco.
Junto a Laura y, animada por el mismo ideal de consagrarse a Dios, labora su fiel amiga Ulpiana Gil. Durante 8 años han trabajado dura y abnegadamente en el hospital y, previa oración y conversación con las dos jóvenes, el 22 de enero de 1901, el Padre López Aveledo funda con ellas la Congregación de las Hermanas Agustinas. A los pocos días se les agregan otras dos jóvenes: Francisca Rojas y María Félix Rodríguez.
Dada la convulsionada situación política del país, la comunicación con el arzobispado de Caracas, no era fácil. Necesitan la licencia para la vestición del hábito religioso y ellas, las jóvenes, querían vestirlo el próximo 11 de febrero, festividad de la Virgen de Lourdes. Por tal premura encomiendan el caso a la “abogada de lo imposible”, Santa Rita de Casia, prometiéndole serían como ella, Agustinas.
La respuesta de Monseñor Juan Bautista Castro va dirigida al Padre López Aveledo: “Se me pide por una señorita llamada Laura María en unión de otras que la acompañan en el servicio el hospital de esa parroquia, permiso para vestir un hábito religioso. Si esto no presenta ningún inconveniente, lo concedo con gusto a esas buenas servidoras de los pobres”.
Es tanta la estrechez económica que no alcanza la tela adquirida y Laura elige para ella el hábito usado de una piadosa señora, pariente suya.
Los nuevos nombres de las Hermanas son: María, Catalina, Francisca y Máxima, todas “de San José”, patrón de la parroquia de Maracay.

 

11. Presencia viva de la caridad

Las abnegadas servidoras del hospital “San José” se han constituido en Congregación religiosa para los pobres. Oportunamente, el padre López Aveledo se presenta con su grupo de Hermanas ante el Vicario Provisor del arzobispado de Caracas, quien designa a Laura superiora. Ella obediente, acepta, y desde ese momento regirá los destinos de la Congregación hasta 1960, siete años antes de su muerte, siempre por obediencia.
El 13 de Septiembre de 1903, la Madre María emite sus votos perpetuos y, en acción de gracias, permanece hasta media noche de rodillas sosteniendo en su mano un cirio encendido. Tanta es su felicidad y su fervor.
Ese mismo año, el Padre López Aveledo presenta los primeros estatutos de la Congregación ante Monseñor Castro, explicitando la naturaleza y el fin de la misma, e informando de las obras atendidas hasta ese momento.
El origen de la nueva Congregación de Agustinas se remite a “varias señoritas de esta ciudad (Maracay), quienes en su ardiente celo por la gloria de Dios y el bien de las almas, y siguiendo el impulso interior de la gracia y un deseo afectuoso de corresponder a ella, se sintieron incitadas a poner los medios para conseguir la perfección en una vida retirada de oración, en el servicio de los desgraciados pobres de nuestro Señor Jesucristo, declarándose esclavas de sus hermanos indigentes”. Y con “el contentamiento de los venerables párrocos atienden los hospitales de Maracay, La Victoria y Villa de Cura”.
La revolución “Libertadora” ha agotado cuantiosos recursos humanos y económicos. Sangre y fuego, miseria y dolor, conforman el panorama nacional. Allí va la Madre María con sus Hermanas, al cuartel general de Cagua, a atender dos hospitales de campaña con centenares de heridos cada uno. Son apenas diez Hermanas que deben multiplicar sus esfuerzos para todos, los partidarios del gobiernos y los del bando contrario. Pasan luego al cuartel de Maracay y en el hospital “San José” atienden 150 hospitalizados. Un hermoso testimonio de caridad cristiana.
No hay que olvidar que para estos años Laura está observando su ayuno absoluto, por lo cual no es extraño que en una ocasión, mientras se trasladaba a pie por el campo en compañía de la Hermana Francisca para ir a atender los heridos, hubieran de solicitar ayuda en una humilde casa.
Como si fuera poco, en 1904 cunde la epidemia de viruela, enfermedad infecto-contagiosa que exige el aislamiento de los pacientes. A esos “degredos” se traslada la Madre María con sus Hermanas. “El 15 de Agosto ya estábamos instaladas con nuestros pobres enfermos… Recuerdo con alegría esos hermosos días llenos de penas y amarguras”.

 

12. La llamaron “Mamaíta”

¿No es lógico que de estos flagelos sociales surgieran dolorosas consecuencias? Ahí tenemos en las clases populares, serias situaciones de orfandad, niños sin hogar. Ella, la Madre María, que desde niña soñaba ser la “mamaíta” de un centenar de niños pobres, comienza a trabajar en este sentido. Los adultos necesitan hospitales, pero los niños una familia, un hogar lleno de afecto. Será ésta su obra predilecta.
Quiere fundar el primer asilo para huérfanos. El padre López duda de que pueda sostenerse. Ella lo anima a confiar en la divina Providencia. En el mismo hospital “San José” destina para ellos un espacio. Reúne un grupo pequeño de los más necesitados y el 24 de Mayo, bajo la protección de la Madre de Dios, funda el “Asilo Inmaculada Concepción” en la ciudad de Maracay. Es el año 1905. Desde entonces, la Madre María se traslada con sus niños a una casa alquilada por Bs. 40, cancelando semanalmente “lo que buenamente podía”.
Aquella obra era un reto. El padre López la había autorizado diciendo: “Si dura un mes y se sostiene, le aseguro su duración”.
La Madre María con satisfacción informa que, a pesar de todo, ni un sólo día sus huérfanos se han acostado sin alimentarse: la dieta básica era el topocho (cambur), cocido, asado o frito; con dos bolívares se preparaba un hervido o carne molida, y en temporada de mangos, el delicioso fruto servía de postre.
Inicialmente, y por la necesidad imperante, los “hogares” de la Madre María, fueron mixtos, hasta que la autoridad eclesiástica intervino y ella obedeció dejando sólo las niñas, aunque como ella expresa: con gran dolor.
Los huérfanos van en aumento; la casa alquilada en la calle llamada de la estación, hoy Soublette, es ya insuficiente. El Señor Francisco (Pancho) Gómez, antiguo benefactor del hospital, le cede su vieja casa en la calle Santos Michelena y a ella se traslada en 1906. Esta casa se convierte en Casa Madre, noviciado y Casa de ejercicios espirituales para las Hermanas de la Congregación.
Los niños se acostumbraban a llamarla “Mamaíta”. Los educa, los enseña a reír, a jugar, a comer a la mesa con cubiertos. Es feliz en medio de ellos. Además de las Hermanas, junto a ella está su madre, doña Margarita, a quien los niños llaman “abuelita”. Al padre López le dicen “papá mío”. Es un hogar.
¿Qué pretende la Madre María con estos hogares para huérfanos? Ella lo determina en sus estatutos: Librarlos de los peligros a los que se hallan expuestos, educarlos cristianamente y enseñarles algún oficio concerniente a su sexo.

 

13. Por los caminos de Dios

Caminos que se cruzan, largos y monótonos, polvorientos o agrestes; carros de mula, jornadas a pie; travesía de ríos; sencillas goletas recorriendo mares; pobrísimas viviendas, “casuchas destartaladas” en más de una ocasión; comienzos inauditos. Son estos, avatares que se suman silenciosos al haber fundacional de la incansable Madre María de San José.
En la medida de las necesidades y de sus posibilidades, apremiada por esa gran virtud de la caridad cristiana, y fundamentada en la confianza filial al Padre Dios, va trenzando una red de obras apostólicas y sociales en favor de los desposeídos: Acá, asilos para mendigos que deambulan por las calles; allá escuelas nocturnas para empleadas domésticas; hoy, hospitales y antituberculosos; mañana, casas maternas, orfanatos, escuelas populares; evangelización permanente, impartida en los pueblos, en las cárceles y en los campos; catequesis en las parroquias y en las escuelas, y en algunos sitios, catequesis nocturnas.
Por todos los sitios donde le es posible llegar, va distribuyendo sus comunidades de caridad, y junto con ellas, la presencia eucarística. Insiste una y otra vez hasta que la autoridad eclesiástica le concede las requeridas licencias para instalas la divina Majestad en sus casas.
“¡Un sagrario más! Ya las penas y pobrezas serán aliviadas con la dulce presencia del Dios de nuestros altares, la por siempre amada, la adorable Eucaristía”. ¡Cuánto se lamentaba cuando, por circunstancias que no dependían de ella, debía cerrar una de las obras benéficas!: era cerrar la puerta de caridad y ¡un sagrario menos!
Hasta 1917 gozó del asesoramiento y apoyo del padre López Aveledo: En abnegado ejercicio de su ministerio pastoral, contrajo la tan temida tuberculosis, para entonces enfermedad mortal. Por orden del General Gómez quien residía y gobernada al país desde Maracay, fue trasladado con sus hermanas a la ciudad de Los Teques, donde después de un verdadero calvario sufrido con heroica virtud, falleció el 30 de Enero de 1917, dejando una luminosa estela de santidad.
En su lamentada ausencia, la Madre María recibirá la fiel y afectuosa orientación de uno de sus más ilustres hijos espirituales: Monseñor Hilario Cabrera Díaz, vocación sacerdotal cultivada por el padre López Aveledo.
A la hora de su muerte en 1967 el balance de sus fundaciones era: catorce hospitales de caridad; dos antituberculosos, un leprocomio, dos albergues para mendigos, once centro socio-educativos (orfanatos-escuelas) dos casas maternas y una escuela nocturna para domésticas.
No le faltó visión para extender su obra a otros países; pero sus intentos no se consolidaron.

http://www.santuariobasilicacoromoto.com/SNCoromotoWeb/viewBlessedDetail?@id=39

Apariciones de Nuestra Señora de Fátima

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Las apariciones de Fátima, cuyo centenario se celebra este año, pueden entenderse en el marco lógico de dos ciclos: el angelical y el mariano..

Se cree que el ciclo angelical, llamado así por las apariciones del Ángel de Portugal en primavera, verano y otoño, 1916, es la preparación, un itinerario pedagógico para los encuentros que vendrían el próximo año con Nuestra Señora.

En estas apariciones, el Ángel de Portugal, al presentarse en la segunda aparición, presentó a los Tres Pastores a la vida centrada en Dios, a través de la adoración, y les pidió oraciones y sacrificios, temas que son constantes en todas las apariciones.

El ciclo mariano está constituido por seis apariciones de Nuestra Señora en 1917.

 

Primera Aparición

En su primera aparición, el 13 de mayo de 1917, Nuestra Señora pide a Lucia, Jacinta y Francisco que regresen a ese lugar, Cova da Iria, cada 13, durante seis meses seguidos, a la misma hora.

Les pide también que oren el Rosario todos los días para obtener el fin de la guerra y la paz para el mundo.

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Segunda Aparición

Un mes más tarde, ya con cerca de medio centenar de personas, los Tres Pequeños Pastores vuelven a recibir la petición de rezar el Rosario. Les dice que aprendan a leer.

En ese mismo momento se enteró de que Francisco y Jacinta tendrían una corta vida y que Lucia fue asignada a dar a conocer en el mundo el amor a la Virgen y la devoción a su Inmaculado Corazón.

 

Tercera Aparición

En la tercera aparición, el 13 de julio, en presencia de un número impreciso de personas (entre 2.000-3.000 o 4.000-5.000), Nuestra Señora reafirma su petición de la recitación diaria del Rosario “en honor a Nuestra Señora del Rosario” Para obtener el fin de la guerra y la paz para el mundo, y promete que en octubre hará un milagro y dirá quién es Ella.

Es durante esta aparición que Lucía, Jacinta y Francisco tuvieron una visión del infierno y que Nuestra Señora anunció que la guerra va a terminar, pero que otro peor conflicto del nuevo mundo comenzará durante el papado de Pío XI (1857-1939), si La humanidad no cesa de ofender a Dios.

Nuestra Señora les dice a los tres hijos que para evitar esta guerra vendrá a Fátima para pedir la consagración de Rusia a su Corazón Inmaculado y la Comunión de Reparación los cinco primeros sábados, prometiendo la conversión de Rusia.

Se debe tener en cuenta que la revolución rusa comenzó en febrero de 1917 con el derrocamiento de la monarquía del zar Nicolás II, seguida en octubre por la toma de poder bolchevique, la creación del régimen comunista y un programa antiteísta radical.

El 13 de agosto, miles de personas se reúnen en Cova da Iria (alrededor de 15.000-18.000 personas, aunque algunos documentos se refieren sólo a 5.000). Los pastores no aparecieron ese día porque fueron llevados a Ourém donde fueron interrogados y permanecieron hasta el 15 de agosto.

 

Cuarto Aparición

El 19 de agosto, de vuelta a casa, la Señora aparece por cuarta vez en un lugar diferente llamado Valinhos y sólo en presencia de los tres hijos. Esta aparición está marcada por la petición de oración por los pecadores y por la primera indicación de una capilla que se construirá utilizando parte de las donaciones dejadas en Cova da Iria.

 

Quinta Aparición

En la quinta aparición, nuevamente en Cova da Iria, el 13 de septiembre, además del refuerzo de la petición de la oración del Rosario, Nuestra Señora anuncia que en octubre vendrá Nuestro Señor, Nuestra Señora de los Dolores y del Monte Carmelo y San José con el Niño Jesús, para bendecir al mundo.

 

Sexta Aparición

Una multitud con un promedio de entre 50.000 y 70.000 personas acompaña a los Tres Pequeños Pastores el 13 de octubre, cuando Nuestra Señora se presenta como «Nuestra Señora del Rosario» y anuncia el fin de la guerra en un futuro próximo (la Primera Guerra Mundial [ 1914-1918]).

Al final, levantándose hacia el cielo, Lucía dice que la promesa hecha el mes pasado fue guardada: al lado del sol, San José con el Niño Jesús, bendiciendo al mundo, y Nuestra Señora vestida de blanco con un manto azul. Cuando esta aparición desapareció, Nuestro Señor, nuevamente con un gesto de bendición, y Nuestra Señora de los Dolores, y luego Nuestra Señora del Carmelo.

La promesa de la realización de un milagro también se mantuvo, que se conoció como el Milagro del Sol, atestiguado por miles de personas que se apresuraron a este lugar.

Ese día, después de una lluvia torrencial, el sol estalló en el firmamento, girando en el cielo en zigzag y con luces multicolores. Las declaraciones de ese tiempo se refieren a varias curaciones milagrosas entre los que estaban presentes.

En la última aparición a los tres videntes, Nuestra Señora expresó su deseo de que una pequeña capilla se construyera en su honor en ese preciso lugar.

Fuente: http://www.papa2017.fatima.pt/en/pages/appearances

 

AÑO JUBILAR DE FÁTIMA – Concesión de Indulgencia Plenaria

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AÑO JUBILAR DE FÁTIMA

Concesión de Indulgencia Plenaria

Con el fin de celebrar dignamente el centésimo aniversario de las Apariciones de Fátima, por mandato del Papa Francisco se concede, con la inherente indulgencia plenaria, un Año Jubilar, desde el día 27 de noviembre de 2016 hasta el día 26 de noviembre de 2017.

La indulgencia plenaria del jubileo se concede:

a) a los fieles que visiten en peregrinación el Santuario de Fátima y participen allí devotamente en alguna celebración u oración en honor a la Virgen María, recen la oración del Padrenuestro, reciten el símbolo de la fe (Credo) e invoquen a Nuestra Señora de Fátima;

b) a los fieles piadosos que visiten con devoción una imagen de Nuestra Señora de Fátima expuesta solemnemente a la veneración pública en cualquier templo, oratorio o lugar adecuado, en los días del aniversario de las apariciones (día 13 de cada mes desde mayo a octubre de 2017), y ahí participen devotamente en alguna celebración u oración en honor a la Virgen María, recen la oración del Padrenuestro, reciten el símbolo de la fe (Credo) e invoquen a Nuestra Señora de Fátima;

c) a los fieles que, por edad, enfermedad u otra causa grave, estén impedidos de desplazarse, si, arrepentidos de todos sus pecados y teniendo la firme intención de realizar, tan pronto como le sea posible, las tres condiciones abajo indicadas, frente a una pequeña imagen de Nuestra Señora de Fátima, en los días de las apariciones se unan espiritualmente a las celebraciones jubilares, ofreciendo con confianza a Dios misericordioso a través de María sus preces y dolores, o los sacrificios de su propia vida. Para obtener la indulgencia plenaria, los fieles, verdaderamente penitentes y animados de caridad, deben cumplir ritualmente las siguientes condiciones: confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Santo Padre.

Fuente: http://www.fatima.santuario-fatima.pt/files/upload/subs%C3%ADdios/Indulgencia%20Plenaria_concesion.pdf

http://www.santuariobasilicacoromoto.com/SNCoromotoWeb/viewNews?id=292

Oraciones jubilares para el Centenario de las Apariciones de Fátima

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Oración Jubilar de Consagración 

¡Salve, Madre del Señor,
¡Virgen María, Reina del Rosario de Fátima!
Bendita entre todas las mujeres,
eres la imagen de la Iglesia vestida de la luz pascual,
eres la honra de nuestro pueblo,
eres el triunfo sobre la marca del mal.

Profecía del Amor misericordioso del Padre,
Maestra del Anuncio de la Buena Nueva del Hijo,
Señal del  Fuego ardiente del Espíritu Santo,
enséñanos, en este valle de alegrías y dolores,
las verdades eternas que el Padre revela a los pequeños.

Muéstranos la fuerza de tu manto protector.
En tu Inmaculado Corazón,
sé el refugio de los pecadores
y el camino que conduce hacia Dios.

Unido/a a mis hermanos,
En la Fe, la Esperanza y el Amor,
a ti me entrego.
Unido/a a mis hermanos, por ti, a Dios me consagro,
oh Virgen del Rosario de Fátima.

Y, en fin, envuelto/a en la Luz que de tus manos proviene,
daré gloria al Señor por los siglos de los siglos.

Amén.

Oración por la Paz 

Señor, Padre Santo,
que en Jesús nos diste tu paz
y por El nos quisiste conducir a tu corazón
– en este lugar en el que la Virgen Maria nos invita a la oración por la paz del mundo
Y en el que el Ángel de la Paz nos exhorta a adorar solamente a Dios –,
Nosotros te pedimos que entre los pueblos reine la concordia;
que los responsables de las naciones encuentren caminos de justicia,
que todos alcancemos la paz del corazón
y que, por intercesión de la Reina de la Paz,
seamos constructores de un mundo más fraterno.
Por Cristo, Nuestro Señor.

Amén.

Oración por el Papa

Señor,
Buen Pastor de la Humanidad,
que confiaste a Pedro y a sus sucesores
la misión de fortalecer a los hermanos en la fe
y de iluminarles en la escucha de la Palabra
– en este lugar en que los Pastorcitos de Fátima
Testimoniaron una profunda devoción al Santo Padre
Y un intenso amor a la Iglesia –,
Te pedimos que tu Espíritu de Sabiduría
ilumine al Papa N en su misión de Sucesor de Pedro;
que tu misericordia le proteja y conforte;
que el testimonio de tus fieles le anime en su misión
y que la tierna presencia de Maria sea para él señal de tu amor;
que él sea fuerte en la fe, audaz en la esperanza y celoso en la caridad.
Tu que vives y reinas con el Padre, en la unidad del Espíritu Santo.

Amén.

Padrenuestro. Avemaría. Gloria.

Credo de los Apóstoles 

Creo en Dios Padre Todopoderoso,
Creador del Cielo y de la Tierra;
Y en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor,
Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo;
Nació de Santa María Virgen,
Padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
Fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos,
Al tercer día resucitó de entre los muertos,
Subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia católica
La comunión de los santos, el perdón de los pecados,
La resurrección de la carne y la vida eterna.

Amén.

Fuente: http://www.santuariobasilicacoromoto.com/SNCoromotoWeb/viewNews?id=291

Acto de consagración a la Virgen de Fátima

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PAPA FRANCISCO

Acto de consagración a la Virgen de Fátima

Bienaventurada María Virgen de Fátima,
con renovada gratitud por tu presencia maternal
unimos nuestra voz a la de todas las generaciones
que te llaman bienaventurada.

Celebramos en ti las grandes obras de Dios,
que nunca se cansa de inclinarse con misericordia hacia la humanidad,
afligida por el mal y herida por el pecado,
para curarla y salvarla.

Acoge con benevolencia de Madre
el acto de consagración que hoy hacemos con confianza,
ante esta imagen tuya tan querida por nosotros.

Estamos seguros de que cada uno de nosotros es precioso a tus ojos
y que nada de lo que habita en nuestros corazones es ajeno a ti.

Nos dejamos alcanzar por tu dulcísima mirada
y recibimos la consoladora caricia de tu sonrisa.

Custodia nuestra vida entre tus brazos:
bendice y refuerza todo deseo de bien;
reaviva y alimenta la fe;
sostiene e ilumina la esperanza;
suscita y anima la caridad;
guíanos a todos nosotros por el camino de la santidad.

Enséñanos tu mismo amor de predilección
por los pequeños y los pobres,
por los excluidos y los que sufren,
por los pecadores y los extraviados de corazón:
congrega a todos bajo tu protección
y entrégalos a todos a tu dilecto Hijo, el Señor nuestro Jesús.

Amén.

* Acto de consagración a la Virgen de Fátima, al final de la Misa con ocasión de la Jornada mariana (Plaza de San Pedro, 13 de octubre de 2013)

Celebración de los 364 años de la Aparición de Nuestra Señora de Coromoto

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Este 08 de Septiembre de 2016, se cumplen 364 años de la Aparición de Nuestra Señora de Coromoto al Cacique Coromoto y su familia en la choza o bohio del Cacique, dejándole en la mano su Santa Imagen para veneración de todas las generaciones. Demos gracias a Dios por este gran regalo que nos dejó de su Santa Madre.

Así luce Nuestra Madre María de Coromoto a pocas horas de iniciar las solemnes fiestas de los 364 años de la Aparición en Nuestras tierras Venezolanas

Así luce Nuestra Madre María de Coromoto a pocas horas de iniciar las solemnes fiestas de los 364 años de la Aparición en Nuestras tierras Venezolanas

Fuente: http://www.santuariobasilicacoromoto.com/SNCoromotoWeb/viewNews?id=191

Conmemoración de los 74 años de la Santísima Virgen María de Coromoto como Patrona de Venezuela

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Virgen de Coromoto

Este 1 de Mayo del 2016 se cumplen 74 años de que el Episcopado Venezolano decretó y proclamó a Nuestra Señora de Coromoto, Patrona oficial de Venezuela.

A continuación se comparte el Breve Pontificio del Patronato Coromotano, donde el Papa Pío XII declara a la Santísima Virgen María Nuestra Señora de Coromoto, como CELESTE Y PRINCIPAL PATRONA de Venezuela, en Octubre de 1944.

“PIO PAPA XII –Para perpetua memoria- Todos los pueblos que desde los más apartados rincones de la tierra llegaron a la luz de la verdad cristiana, han experimentado la tutela maternal de la Santísima Virgen María y, en acción de gracias por los beneficios de Ella recibidos, le levantan férvido y solemne himno entonado “por todas las tribus, lenguas, pueblos y naciones”. No de otra suerte acaece entre los fieles cristianos, nacionales o europeos, que, de todas partes de Venezuela, numerosos acuden con piedad al Santuario dedicado a Dios en honor de la Divina Madre “de Coromoto”, en el lugar llamado “Guanare de los Cospes”. Este amor de la Virgen en realidad esclareció las inteligencias de los nacionales, elevó sus corazones hacia el cielo y los alivio en sus adversidades tanto públicas como privadas, desde el momento en que, según la tradición, la misma Madre de Dios apareció en el propio lugar en donde luego se levantó un Templo, que pronto fue como el Trono de la misericordia y gracia Divinas.

Por tanto, la Fe de los Venezolanos en Cristo Señor, que los Españoles, sobre todo los Padre Predicadores de la Orden de Santo Domingo, llevaron allá el siglo XVI y que los Romanos Pontífices, atentos a la dilatación del Reino de Cristo, próvidamente fomentaron por medio de la institución canónica en aquel tiempo de la Sagrada Jerarquía y de la primera Cátedra Episcopal, esa Fe, gracias principalmente a la fuerza y auxilio de una encendida devoción a la Santísima Virgen María “de Coromoto”, fue creciendo cada día más y permaneció incontaminada. Por esto, todos los Obispos de Venezuela y a la cabeza el Venerable Hermano Lucas Guillermo Castillo, Arzobispo titular de Rizeo y Coadjutor de Caracas, a nombre también de los sacerdotes y de todos los fieles, el año de 1942, declararon a la misma Divina Madre “de Coromoto”, Patrona de toda la Republica y luego nos pidieron encarecidamente que ratificáramos y confirmáramos su declaración. Y como quiera que, a ejemplo de Nuestros Predecesores, es de trascendental importancia para nuestro paternal corazón el que, a mayor gloria de Dios y para provecho espiritual, se aumente cada vez la piedad mariana, hemos gustosamente resuelto acceder benignamente a estos ruegos y votos de los Obispos, de uno y otro Clero, de la sociedad y de todo el pueblo de Venezuela.

Por consiguiente, secundando los deseos del mencionado Arzobispo, después de haber oído también a Nuestro Venerable Hermano Carlos Salotti, Obispo de Palestrina, Cardenal de la Santa Iglesia Romana, Prefecto de la Sagrada Congregación de los Ritos, con pleno conocimiento Nuestro y madura deliberación, por la plenitud de Nuestra Apostólica potestad, en virtud de las presentes Letras y a perpetuidad: confirmamos, constituimos y declaramos a la Santísima Virgen María de Coromoto” en “Guanare de los Cospes” CELESTE Y PRINCIPAL PATRONA de toda la República de Venezuela, con todos y cada unos de los privilegios litúrgicos que competen a tales principales Patronas. No debiendo en ninguna manera obstar nada en contrario. Esto declaramos y estatuimos, decretando que las presentes Letras sean y permanezcan firmes, válidas y eficaces para siempre; y que ellas surten y obtienen todos sus plenos e íntegros efectos; y que ellas dan fe ahora y siempre plenamente a quienes competa o competir pudiere; y que así se ha de juzgar y definir; y que será írrito y vacuo cuanto desde ahora alguien, con cualquier autoridad, consciente o ignorantemente, atentare hacer distinto acerca de esto. Dado en Roma, en San Pedro, bajo el anillo del Pescador, el día del mes de octubre, el año de 1944, nono de Nuestro Pontificado. –Por mandato especial del Santísimo-.

Por el Señor Cardenal Secretario de Estado (firmado) DOMINGO SPADA, Canciller de los Breves Apostólicos”.

Fuente: Sitio Web Oficial de la Basílica Menor de Nuestra Señora de Coromoto

http://www.santuariobasilicacoromoto.com/SNCoromotoWeb/viewNews?id=121

Dedicación del Santuario Nacional de Nuestra Señora de Coromoto

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Estimados Hermanos en Cristo Jesús, les estamos compartiendo este artículo publicado por la Basílica Catedral de Nuestra Señora de Coromoto, donde se explica la “Dedicación del Santuario Nacional de Nuestra Señora de Coromoto”.

El domingo, 7 de enero de 1996, tuvo lugar la solemnísima dedicación del Santuario de la Virgen de Coromoto, construido en el sitio de la aparición… Durante toda la noche, las reliquias de santos, a ser colocadas el día siguiente en el Altar __como se acostumbra colocarlas en todos los Altares__, fueron expuestas a la veneración de los fieles en la Capilla del Monasterio de Santa Clara de Asís, de las Monjas Clarisas, cercano al Santuario… Se hallaban presentes numerosos peregrinos de Caracas: de las Parroquias de San José de Chacao y de Ntra. Sra. de Fátima de Petare. A las 12:00 de la noche, se celebró la Santa Misa frente a la Capilla del Monasterio; y los peregrinos veneraron las reliquias en vigilia que se prolongó hasta la madrugada. A las 8:00 de la mañana, éstas fueron trasladadas al Santuario…

A las 9:00 de la mañana, el Santuario se hallaba repleto, abarrotado de fieles. Los Obispos de Venezuela y los sacerdotes concelebrantes se hallaban ya revestidos de los ornamentos sagrados, cuando llegó el helicóptero el Presidente de la República, Dr. Rafael Caldera, acompañado del Ministro de Relaciones Interiores, Dr. Ramón Escovar Salom, del Ministro de la Oficina Central de Información, Dr. Fernando Egaña, del Comisionado del Presidente para las relaciones con la Iglesia, Dr. Bernardo Level, y de otras personalidades. El Presidente fue recibido por el Comité de bienvenida __especialmente designado al efecto__, y pasó luego al interior del Santuario…

Los fieles entonaban con entusiasmo el Salmo 122 __”¡Qué alegría cuando me dijeron: ‘Vamos a la casa del Señor’!” __, cuando entraron en procesión __sin cirios, sin incienso, como está previsto en el rito de la dedicación__ los seminaristas, los sacerdotes, los Obispos y el Nuncio Apostólico en Venezuela, Mons. Oriano Quilici. Que la dedicación del Santuario fuera presidida por el Nuncio fue una cuestión no de estricto protocolo, sino de simpatía… Mons. Quilici, en los pocos años que llevaba en el país, se había granjeado la admiración y el afecto del Clero y del pueblo venezolano…

Al llegar al presbiterio, el Nuncio saludo a la asamblea. Los documentos relativos a la construcción del imponente templo __planos, etc.__ fueron entregados al Rector del Santuario, Pbro. Edgar Roa. El Pbro. Alfonso de Jesús Alfonzo Vaz, como representante de la Asociación Civil “Venezuela a la Virgen de Coromoto”, hizo un recuento histórico de la construcción: cómo la idea había sido retomada por la Madre Guadalupe y la Madre Elizabeth, Superiora General de las Siervas del Santísimo Sacramento, ya fallecidas, y cómo se habían iniciado las gestiones… Enseguida, el Nuncio bendijo el agua para rociar al pueblo en señal de penitencia  y en recuerdo del bautismo: “Santifica con bendición esta agua, criatura tuya, para que, rociada sobre nosotros y sobre los muros de este Santuario, sea señal del bautismo, por el cual, lavados en Cristo, llegamos a ser templo de tu Espíritu; concédenos a nosotros y a cuantos en este Santuario celebrarán los divinos misterios llegar a la celestial Jerusalén” (1). El Nuncio roció con el agua bendita al pueblo, mientras que el Obispo de Guanare __el tercer Obispo de Guanare__, Mons. Alejandro Figueroa, y el Arzobispo de Maracaibo, Mons. Ovidio Pérez Morales __Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana__ rociaron los muros del Santuario, en señal de purificación. El Nuncio concluyó la aspersión con una Oración; se entonó el Gloria __en latín, en tono gregoriano__, y el Nuncio dijo la Oración colecta. Después de las lecturas bíblicas (cf. Jn 2, 13-22), el Nuncio destacó en su homilía, que: “La solemne dedicación del Templo Votivo Nacional de Nuestra Señora de Coromoto y de su Altar nos llena de gozo a cuantos nos hallamos presentes en este glorioso recinto, y a los que a través de los medios de comunicación social, siguen este sugestivo rito litúrgico. El de hoy es, sin duda, un día histórico y de profundo agradecimiento a Dios por lo que están viendo nuestros ojos y por lo que sienten nuestros corazones. Tras largos años de espera, con honda satisfacción, vemos hoy un sueño se ha cumplido; sentimos que un ideal, vivamente anhelado, se ha realizado. El Templo Votivo Nacional en honor de la Virgen de Coromoto, la celeste Patrona de Venezuela, es una grandiosa realidad que nos llena a todos de júbilo y de admiración. Agradezco desde lo más hondo de mi corazón al Excmo. Presidente de la Conferencia Episcopal, S.E. Mons. Ramón Ovidio Pérez Morales, al Obispo de Guanare, S.E. Mons. Alejandro Figueroa Medina, y a los Hermanos Arzobispos y Obispos de Venezuela por haberme proporcionado el privilegio de presidir este acto litúrgico, que considero como un hecho único y extraordinario en mi largo servicio de Representante Pontificio ante una Iglesia local. Muchas han sido las personas que a lo largo y ancho de la Patria, ha prestado generosamente su colaboración, e incontables han sido los sacrificios que el amor a la Virgen María ha arrancado del corazón agradecido de sus fieles e hijos devotos. Este hermoso Santuario se convertirá ahora y por siempre en meta anhelada de incontables peregrinaciones. ( … ) A fin de confirmarnos en la fe y dar nueva vitalidad a la Iglesia de Venezuela vendrá como primer y gran peregrino a este lugar, el próximo 10 de febrero, el Sucesor de Pedro, el Papa Juan Pablo II” (2). Al mencionar al Papa, los fieles interrumpieron la homilía del Nuncio con una ruidosa y prolongada ovación… Para finalizar su homilía, el Nuncio prorrumpió en emocionadas exclamaciones, que fueron coreadas a una voz por la Asamblea: “¡Viva Nuestra Señora de Coromoto! ¡Viva el Papa! ¡Viva Venezuela!” (3).

Hecha la profesión de fe __en forma de interrogatorio, como también se estila en el rito del bautismo__, se cantó la Letanía de todos los Santos, se colocaron las reliquias en el Altar __se selló el sepulcro con la ayuda de un albañil__; y el Nuncio Apostólico pronunció la Oración de dedicación:  “Te suplicamos, pues, Padre Santo, que te dignes impregnar con santificación celestial esta Iglesia y este Altar, para que sea siempre lugar santo y una vez siempre lista para el sacrificio de Cristo ( … )” (4). El Nuncio y seis de los Obispos concelebrantes se quitaron las casullas, y vistieron los gremiales __una especie de delantales, para no ensuciar los ornamentos sagrados__, se dirigieron al Altar y procedieron a la unción del mismo con el crisma. Ungida toda la mesa del Altar, otros Obispos concelebrantes ungieron los muros del Santuario… Quizás el momento más impresionante de la dedicación fue cuando se colocó sobre el Altar, recién dedicado, un brasero encendido… El Nuncio echó abundante incienso en el brasero, y expresó: “Suba, Señor, nuestra oración como incienso en tu presencia y, así como esta casa se llena de suave olor, que en tu Iglesia se aspire el aroma de Cristo” (5). Humo perfumado emergió del brasero, e inundó el Santuario… El Nuncio, entonces, echó incienso en el turíbulo, e incensó el Altar, cuatro Obispos concelebrantes incensaron las naves del Santuario… Concluida la incensación, las Siervas del Santísimo Sacramento __que tienen constituida una comunidad junto al Santuario__, secaron la mesa del Altar y colocaron el mantel y las flores… En seguida, se procedió a la iluminación del Santuario. Se llevaron junto al Altar los candelabros con los cirios; el Nuncio entregó una vela encendida al Diácono, quien encendió las velas del presbiterio. Doce de los Obispos concelebrantes encendieron las velas en el resto del Santuario…

A continuación, se procedió a declarar formalmente Santuario Nacional al Santuario Diocesano de la Virgen de Coromoto. Mons. Ovidio Pérez Morales, Presidente de la Conferencia Episcopal, llevó brevemente la palabra, y Mons. Mario Moronta, Secretario General de la Conferencia Episcopal, leyó el correspondiente Decreto, que fue firmado por los Obispos, y también llevado para la firma al Presidente de la República… Gracias a la generosa ayuda prestada por su Gobierno, el Santuario está listo para recibir al Papa, el 10 de febrero de 1996… Con la Liturgia eucarística prosiguió la Solemne Misa de aquel día para siempre memorable… Concelebraron con el Nuncio Apostólico en el Altar el Obispo de Guanare, el Obispo emérito de Guanare, Mons. Ángel Polachini __a quien se le debe un especial reconocimiento, pues coordinó durante muchos años las obras del Santuario__, el Arzobispo de Maracaibo y Presidente de la Conferencia Episcopal, Mons. Baltazar Porras. Los demás Obispos y sacerdotes concelebraron desde las gradas __especialmente diseñadas para grandes concelebraciones__ en el presbiterio…

Distribuida la comunión, el Santísimo Sacramento fue instalado por el Nuncio en su Capilla, ubicada en la cripta (el sótano) del Santuario, mientras la asamblea cantaba el himno “Pange lingua”. También en este momento __como durante toda la Misa__ el Pbro. Víctor Guerrero, Vice-Rector del Santuario, aclaraba con oportunas moniciones a la asamblea el desarrollo de la Liturgia… El Obispo de Guanare tuvo todavía algunas palabras de agradecimiento. Y entonces, vueltos todos hacia la imagen de la Virgen de Coromoto __que tiene incrustada en la peana la reliquia de la Virgen__ se cantó el himno: “Salve Aurora jubilosa de una Patria soberana ( … )”. Una cerrada ovación siguió al himno, que estremeció a toda la asamblea… Impartida la bendición, salieron en ordenada procesión los Obispos, sacerdotes y seminaristas… Venezuela cuenta con un Santuario digno de la Virgen y digno de Venezuela…

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  1. Departamento de Liturgia del Consejo Episcopal Latinoamericano (editor), Pontifical y Ritual Romanos reformados según los Decretos del Concilio Vaticano II y promulgados por Su Santidad Pablo VI, Barcelona [España] 1992, pp. 380-466.
  2. Mons. Oriano Quilici, Homilía en la dedicación del Santuario Nacional de “Nuestra Señora de Coromoto” (7 de enero de 1996), en: Diario “La Religión”, 10 de enero de 1996. p. 6.
  3. Ibid.
  4. Departamento de Liturgia del Consejo Episcopal Latinoamericano (editor), loc. cit.
  5. Ibid.

Pbro. Ramón Vinke

Secretariado Diocesano de Pastoral de Medios de
Comunicación Social de la Diócesis de Guanare
Fuente:

Programa de Semana Santa 2016 de la Basílica Menor Santuario Nuestra Señora de Coromoto

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Estimados Hermanos en Cristo Jesús, les estamos compartiendo el programa de Semana Santa de la Basílica Menor de Nuestra Señora de Coromoto el cual pueden visitar en el siguiente enlace:

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